Lucía radiante. Hasta el parche que cubría su ojo después de aquel nefasto accidente pasaba desapercibido.
Su cabello largo y negro caoba, suave como la seda y aquella piel trigueña tersa y aromática lo hacían a uno dudar de su profesión. Estaba precioso, su ojo visible de un color miel en contraste con el negro de la pupila que hacía juego con su cabello me hacían temblar.
- Qué rico verte de nuevo.- Me dijo con su voz grave que irradiaba real felicidad de verme. Me acerque para abrazarlo y me apretó tan fuerte que sentí su corazón latir contra el mío. Después de varios segundos me alejé unos pasos, sin dejar de tocarlo, para poder mirarlo a la cara, no podía creer que estaba aquí.
- No te imaginas cuanto te extrañe...- Le dije y no pude contener las lágrimas. Corrió el cabello de mi cara y me quitó los lentes. -Créeme que lo sé pequeñita mía - Me dijo mientras secaba mis lágrimas con sus pulgares y me besó la frente. Sentí sus tibios y gruesos labios tocando suavemente mi piel y bajo mis pies sentía que el concreto se transformaba en una nube.
Lo besé en los labios con tanta desesperación como cuando bebes agua en pleno desierto y sentí como las mariposas se multiplicaban y volaban por todo mi cuerpo, incluso en mis venas.
- Te amo- susurró mientras me besaba y sentí que una lágrima suya mojaba mi cara.
-Te amo- le respondí ansiosa. Tomé su mano y la apreté lo más que pude en un intento de fusionarnos para evitar separarnos de nuevo.
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